Boca llega al tramo decisivo de la temporada con la presión y la ilusión de seguir compitiendo en todos los frentes. En el Torneo Clausura de la Liga Argentina se mantiene en zona de clasificación a los octavos de final, en la Copa Argentina ya tiene por delante la semifinal ante Banfield y en la Sudamericana alimenta la expectativa de volver a conquistar un título internacional después de casi dos décadas.
En ese contexto aparece Vasco, un rival que también se juega mucho y que prioriza al máximo esta serie. El equipo brasileño atraviesa un presente complicado en el Torneo Brasileño, donde se ubica decimocuarto y viene de empatar el último sábado con Remo. Al mismo tiempo, disputa las semifinales de la Copa de Brasil frente a Palmeiras y persigue la posibilidad de conseguir el primer trofeo continental desde la Copa Mercosur de 2000, por lo que concentrará buena parte de sus energías en el cruce con el conjunto xeneize.
La semifinal tendrá además un condimento especial por la presencia de futbolistas con historia o pasado vinculado a ambos clubes. Facundo Colidio no podrá enfrentarse al club en el que se formó, y al que incluso le convirtió un gol cuando jugaba para River Plate, ya que el Millonario lo mantuvo en su lista de buena fe aun después de su transferencia a Vasco. También estará Marino Hinestroza, protagonista de una de las novelas del último mercado de pases de Boca, al que finalmente no llegó y desde el que terminó yéndose a Vasco tras semanas de negociaciones con Atlético Nacional. A ellos se suma Alan Lescano, una de las piezas destacadas del plantel brasileño y un nombre que estuvo en la órbita xeneize durante su gran momento en Argentinos Juniors.
En el plantel que conduce Pedro Emanuel también aparecen otros argentinos como Santiago Sosa y Claudio Spinelli, ambos con la intención de llevar al equipo carioca a la final del torneo. Del otro lado, Boca llega con la necesidad de sostener la regularidad que encontró desde la llegada de Rodolfo Arruabarrena al banco, una etapa en la que el equipo consiguió una formación más estable y una idea de juego más clara, aunque las lesiones empezaron a complicar el panorama en sectores sensibles del campo.
La baja más pesada es la de Leandro Paredes, capitán del equipo, quien sufrió un desgarro en el empate del viernes ante Instituto en Córdoba y no estará disponible para el partido de este martes en la Bombonera. Tampoco podrá ser tenido en cuenta Tomás Aranda, una de las jóvenes promesas del plantel, que se perderá casi todo lo que resta del año por una fractura. Esa ausencia, sin embargo, no alteró demasiado el funcionamiento del equipo porque Alan Velasco había encontrado la manera de ocupar ese lugar, hasta que un desgarro lo dejó afuera de esta serie semifinal.
Aun así, el Boca de Arruabarrena, curiosamente apodado “Vasco”, ha logrado sostener respuestas internas que evitan una caída pronunciada del nivel. La falta de un centrodelantero definido quedó compensada con los goles del colombiano Sebastián Villa, la aparición de la joya de la cantera Leonel Flores y la experiencia del uruguayo Miguel Merentiel. En defensa, el juvenil Facundo “Jagger” Herrera se ganó un lugar como alternativa a Ayrton Acosta, mientras que en el mediocampo aparecen como nombres confiables Santiago Ascacíbar y Milton Delgado.
La principal incógnita para el duelo ante el conjunto brasileño pasa ahora por quién reemplazará a Paredes. Entre las opciones que maneja el cuerpo técnico aparecen los dos chilenos del plantel, Carlos Palacios y Williams Alarcón, en un partido que puede marcar el rumbo inmediato de la temporada para Boca y también para un Vasco que llega con urgencias, ambición y varios nombres propios que prometen darle un tono especial a la semifinal.