Nasry Asfura, empresario conservador respaldado por el expresidente estadounidense Donald Trump, fue oficialmente declarado presidente de Honduras tras unas elecciones caracterizadas por un estrecho margen y acusaciones de irregularidades. Con 67 años y descendiente de inmigrantes palestinos, Asfura logró imponerse con un margen inferior al 1% frente a Salvador Nasralla, presentador de televisión y también candidato de derecha, quien solicitó un recuento exhaustivo de votos debido a presuntas anomalías en el proceso electoral.

El Consejo Nacional Electoral (CNE) emitió la resolución que confirma a Asfura como presidente constitucional para un periodo de cuatro años. Según los resultados oficiales, Asfura obtuvo el 40,1% de los votos, mientras que Nasralla alcanzó el 39,53%, y Rixi Moncada, representante de la presidenta de izquierda Xiomara Castro, obtuvo el 19,19%.

Este triunfo representa el retorno de la derecha al poder en Honduras. Asfura, empresario del sector de la construcción, alcanzó la presidencia en su segundo intento, contando con el apoyo de Trump, quien antes de las elecciones del 30 de noviembre advirtió sobre la posibilidad de reducir la ayuda económica a Honduras si no se favorecía a su candidato. La presidenta Castro denunció esta intervención como una injerencia electoral.

El proceso electoral estuvo marcado por denuncias de fraude presentadas por Nasralla y Moncada. El conteo preliminar experimentó interrupciones por fallos técnicos y se requirió un escrutinio adicional de actas con inconsistencias, proceso que enfrentó objeciones por parte de los partidos observadores. No obstante, la misión de la Organización de Estados Americanos (OEA) descartó indicios de fraude aunque señaló deficiencias en la gestión del conteo. De manera similar, los observadores de la Unión Europea afirmaron que el escrutinio especial se llevó a cabo con transparencia

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