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Nuevos documentos incorporados al proceso judicial que Sebastián Enrique Marset Cabrera enfrenta en Estados Unidos aportan detalles sobre las declaraciones que, según la Fiscalía, el narcotraficante uruguayo hizo ante agentes de la Administración para el Control de Drogas (DEA) tras su captura en Bolivia.

De acuerdo con un escrito presentado por fiscales estadounidenses ante el Tribunal de Distrito Este de Virginia, Marset habría afirmado que aún tenía dinero invertido en unas 10 toneladas de cocaína en territorio boliviano. Esa versión forma parte de la respuesta del Ministerio Público a un planteo de la defensa, que busca excluir del expediente tanto las declaraciones atribuidas al acusado como las pruebas obtenidas a partir de ellas. La información fue difundida a partir de documentos a los que accedieron Telenoche, ABC, Infobae y otros medios que siguen el caso.

Según la versión fiscal, una vez que Marset llegó a Estados Unidos, agentes de la DEA revisaron junto a él los dispositivos electrónicos incautados durante el operativo realizado en Bolivia. Entre los objetos secuestrados había 23 teléfonos celulares, dos iPads y una computadora MacBook. Los fiscales sostienen que el uruguayo identificó como propios tres teléfonos, además de la computadora y uno de los iPads, y que también entregó las contraseñas de esos equipos.

En ese mismo intercambio, los investigadores le consultaron por sus billeteras de criptomonedas. El expediente señala que Marset mostró tres wallets con montos aproximados de 1,5 millones, 1,43 millones y 1,03 millones de dólares, respectivamente, lo que suma cerca de 3,96 millones de dólares en activos digitales. La Fiscalía afirma que el uruguayo dijo que ese dinero provenía de ganancias obtenidas mediante el tráfico de cocaína en Bolivia. Cuando le preguntaron dónde estaba el resto de sus fondos, habría respondido que prefería reinvertir sus ganancias en la compra de droga. Fue entonces, según el relato fiscal, cuando mencionó que tenía su dinero invertido en alrededor de 10 toneladas de cocaína.

El documento, sin embargo, no precisa dónde estaría esa droga ni quiénes serían los encargados de custodiarla. Ese punto, por lo tanto, permanece sin detalle en el expediente citado.

Otro de los elementos incorporados al proceso refiere a una supuesta declaración de Marset sobre el Primer Comando de la Capital (PCC). Según la Fiscalía estadounidense, el uruguayo habría dicho que esa organización criminal brasileña traficaba desde Estados Unidos entre el 80% y el 90% de las armas que llegaban a Bolivia. Los fiscales consideran que esa afirmación adquiere relevancia en el contexto de las disputas entre grupos criminales brasileños con presencia en Bolivia. El expediente también menciona que autoridades bolivianas atribuyeron parte de la violencia reciente registrada en Santa Cruz y Beni a enfrentamientos entre bandas como el PCC y el Comando Vermelho.

La forma en que se obtuvieron esas declaraciones también está en discusión. La Fiscalía de Estados Unidos sostiene que Marset fue informado de sus derechos y que aceptó hablar voluntariamente con los agentes. Según el escrito, recibió las advertencias de Miranda en dos oportunidades: primero en Santa Cruz, luego de ser entregado a la DEA, y después en el Aeropuerto Internacional Dulles, en Virginia. Los fiscales agregan que, en una entrevista posterior, Marset firmó en español un formulario en el que reconocía entender sus derechos y renunciaba a la presencia de un abogado, además de autorizar el acceso a sus dispositivos electrónicos.

La defensa, en cambio, plantea una versión distinta. Sus abogados aseguran que Marset fue presionado para colaborar, cuestionan que la entrevista en Dulles no haya sido grabada en audio y afirman que el acusado habría pedido hablar con un abogado. La Fiscalía rechaza esos argumentos y sostiene que las salas aeroportuarias utilizadas no contaban con equipos adecuados para registrar las entrevistas.

Los nuevos documentos también incluyen detalles de una comunicación que Marset habría mantenido con un agente de la DEA aproximadamente un año antes de su captura. Según documentos divulgados por el semanario uruguayo Búsqueda, el contacto comenzó el 26 de marzo de 2025, cuando el agente especial Michael Greisen le escribió por WhatsApp para plantearle una posible entrega. Marset rechazó la propuesta y, de acuerdo con la transcripción incorporada al expediente, aseguró que las autoridades estadounidenses nunca lograrían detenerlo. Más tarde, en una llamada telefónica de unos dos minutos, habría insistido en que seguiría huyendo.

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Federico Enrique
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